Superposición del sitio

Mi pueblo no escucha, por Peter Vergara

Mi pueblo no escucha

Desde el comienzo de la bendita pandemia nos vimos encerrados prácticamente en nuestros hogares, siguiente unas directrices establecidas por nuestro llamado gobierno para evitar en lo posible el contagio y la propagación por ende del virus.

Se prometieron muchas cosas como pruebas serológicas y moleculares, ayudas económicas, estímulos, moratorias, y un sinfín de cosas más que, alguna que otra llegó, aunque tarde la mayoría, y otras, pues, ni aparecen por el panorama, gracias a la falta de interés de algún que otro jefe de agencia que no sabe ni donde está parado. Los empleados de las agencias, en gran parte, son los que está provocando que las cosas buenas sucedan, a pesar de sus directivos, porque conocen los pesares que atraviesa nuestro pueblo al estar desempleado y no poder generar un sueldo que sustente su hogar y familia. Un aplauso desde el fondo de mi corazón para los empleados del Trabajo y Hacienda, no obstante, sus jefes ser unos buenos para nada que en cualquier ocasión le echan la culpa a sus subalternos en lugar de admitir que son ellos los que no sirven para ese puesto, pero como están puestos ahí por la gobe, pues, hay que chupárselo hasta que se acabe el reinado efímero que pronto tendrá lugar en meses.

Volviendo al tema principal, la tristeza que siento, es impensable el admitir que las cosas han empeorado en los últimos tiempos en vez de mejorar, y que a pesar de poner nuestras esperanzas de un mejor porvenir en manos de mercaderes políticos que vienen a lucrarse del poder una vez llegan al trono gubernamental, deberíamos comenzar a utilizar la inteligencia que Dios nos regaló al nacer, o al menos la lógica, y evaluar a conciencia, sin prejuicios políticos, toda persona que creamos pueda ser una mejor opción a la hora de dirigirnos como país, para ver si de una vez y por todas salimos del atolladero en el que un grupúsculo de malos gobernantes en todas las esferas de poder en nuestro gobierno nos han sumido por décadas, endeudándonos hasta más no poder, y amarrando nuestra economía por décadas a merced de buitres financieros que aportan cuando es solicitado, pero luego nos clavan con intereses estratosféricos leoninos por un montón de tiempo. Así nunca saldremos del atolladero en el que vivimos, si seguimos escogiendo mal y sin pensar en las consecuencias.

Estuvimos encerrados, protegiéndonos del virus, y fue triste, aburrido, pesaroso en muchas ocasiones, y dolía mucho el no poder saludar con abrazos y besos a nuestras amistades y familiares, no acercarnos por temor a contagiar o ser contagiado, alejarse del vecino cuando te llama, mirar con temor a cualquiera que se acerque a nosotros obviando el distanciamiento social requerido, tener que pasar largas horas en las filas de cualquier supermercado o tienda por departamento para comprar algunos artículos esenciales, no asistir al cine ni a la iglesia por el bendito miedo que pulula en el ambiente y que en muchas ocasiones nos paraliza, pues desconocemos la persona que quizás nos contagie y cambie nuestra existencia por completo, tener que llorar por no poder traspasar el umbral de nuestro hogar para visitar a nuestros padres enfermos o recluidos en algún hogar de ancianos debido a las restricciones impuestas, ver morir a personas cercanas, amigos, familiares, hijos, esposos y esposas, todos los que son parte de nuestro corazón, e impotentes asistir al deterioro invisible, pues no podemos verlos una vez entran al hospital si ya se encuentran en una etapa precaria de salud debido a la enfermedad.

Todo esto es parte de lo que sucede a los que respetamos y guardamos la distancia ordenada y medidas de higiene recomendadas.

Mi tristeza es por lo anterior expuesto, pero solo una parte.

Mi dolor profundo es ver como esta sociedad, violentando el derecho humano de los demás a vivir en paz y salud, se tira a las calles como jaurías salvajes los fines de semana a chinchorrear y pasarla bien, sin guardar distancias, sin utilizar mascarillas, burlándose de todos los que sí queremos vivir, pero que por culpa de estos irresponsables estúpidos que al parecer solo vinieron a este mundo a joder a los demás que sí actúan con la responsabilidad ciudadana que se requiere en este momento histórico que nos está marcando para siempre. No he podido entender como es más importante salir a tomar el sol, darse tragos o cervezas hasta emborracharse, pasarla filin, creo que se dice así, pegarse a todos los demás idiotas que también están en las mismas, y olvidar que, es posible ellos no se contagien por completo, pero su familia, esos que esperan pacientes en sus hogares, digo, si no se encuentran también en el party, también se infecten porque no supieron comprender algunos por ahí que con la salud y la vida de otros no se juega.

El gobierno podrá ser todo lo ineficiente y mediocre que es, y lo ha demostrado hasta la saciedad con sus decisiones, unas poquitas acertadas, y las demás desastrosas cuando anteponen la conveniencia política y económica de unos sobre el sentir y el bienestar de muchos de los que vivimos en esta isla pequeña pero grande en corazón. Pero hace lo que puede o quiere dentro de su limitada visión y conveniencia. Puede cerrar o no, puede decidir lo que sea, pero el que decide por tu vida y la de los seres que amas eres tú, nadie más. Si quieres fastidiar tu existencia, también es tu opción, pero piensa en muchos que te aman y dependen de ti a la hora de hacerlo. ¿Vale la pena?

Siento tristeza al ver como mi pueblo se derrumba, como mi gente ha olvidado que existen cosas más importantes que el fiesteo y la rumba, y el comprar cosas innecesarias, y amanecerse bebiendo, olvidando las reglas doradas para no contagiarse, quizás escapando de la rutina diaria, de una vida que únicamente llenan de esta manera, pero que, al hacerlo, ponen en riesgos su vida, y lo más importante, de esos seres vulnerables que están cerca de ellos. Una vez dije, y lo repito, si te quieres morir, hazlo, pero por favor, piensa en tus seres amados, y no te los lleves enredados. Merecen vivir, merecemos todos hacerlo, y no por un grupito de gente estúpida e ignorante vamos a dejar de hacerlo y cumplir nuestros sueños. Esto no ha terminado. Apenas comienza, y peor.

Antes de tomar la decisión de salir hoy para hacer nada y poner tu vida y la de los demás en riesgo, piensa en todo lo que te he dicho. Sé que hay un atisbo en tu ser de empatía hacia tu prójimo, y no deseas que su muerte recaiga sobre tus hombros por no haber sabido decir no en un momento. No salgas, quédate, con los tuyos, protege a PR y quizás en breve podremos salir de esta tristeza y dolor que nos agobia desde hace meses.

 

 

 

 

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