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EL TE QUIERO QUE NUNCA DIJIMOS…

EL TE QUIERO QUE NUNCA DIJIMOS

Creo que todo ser humano ha sufrido una de esas noches, o madrugadas, en las que no logramos conciliar el sueño con nada, observando bocarriba el techo de la habitación y hallando mil maneras de no dormir, aunque queramos. Los segundos se convierten en minutos y horas hasta que, cansados de tanto mirar, nuestros ojos se adormecen y finalmente conseguimos dormir.

Solo para despertar luego de un breve rato pues ya es hora de levantarse, a pesar de nuestros ojos enrojecidos y el ánimo por el suelo por no haber descansado bien.

Es durante esas interminables horas que la mente comienza a divagar, remontándose a lejanos episodios de nuestra existencia, y el alma se quiebra por lo que pudimos hacer y nunca hicimos, o lo realizamos, pero tarde.

Recordamos a esas personas que conocimos, unos cercanos, otros no tanto, pero que formaron parte, en menor o mayor escala, de nuestro entorno y vida, y de las que aprendimos, para bien o para mal, todo de lo que se compone nuestro ser, física, emocional, y espiritualmente, y que a la postre se han convertido en la razón principal por la que seguimos caminando aunque los pies estén adoloridos de tanto hacerlo.

Esos momentos de alegría, tristeza, dolor, éxito, fracaso, superación, depresión, y otros sentimientos han sido sobrellevados gracias a estas personas que, quizás nunca lo expresaron, pero que han dicho presente en cada una de las etapas que hemos experimentado a lo largo del camino.

Nacemos para vivir, lógico, pero también para morir. No somos eternos, por así decirlo, pues solo hay algo que lo es. Creemos que viviremos para cumplir con nuestro propósito, si es que lo tenemos, pues infinidad de seres humanos arriban a su postrera etapa existencial sin nunca haber logrado descubrir el porqué de su destino.

Esbozamos planes a largo plazo creyendo que algún día serán realizados, y no nos detenemos ni siquiera por un segundo a reflexionar que posiblemente ese sueño jamás tendrá un final feliz.

Postergamos los bellos momentos junto a los seres amados por la quimera de un mejor mañana, y no aprovechamos cada segundo del ahora que Dios nos ha regalado, pensando que, eternos como somos, podremos vivir ese momento en otra ocasión futura.

No vivimos para vivir, aunque suene contradictorio, pues nuestra existencia siempre está comprometida con buscar lo que quizás ya tengamos, pero que no vemos por ser ciegos emocionales que no reaccionan, aunque observemos asustados el tren del olvido que amenaza con destruir lo que sentimos, pero no expresamos.

El tiempo pasa, como las lentas horas de mi madrugada, y las lágrimas rebeldes surgen de la nada, causándonos el dolor de saber que pudimos darle rienda suelta al bello sentimiento que es el amor y el agradecimiento, y nos quedamos como yo en su minuto, callados.

El te quiero que por orgullo o indiferencia no expresamos, la caricia suave que precede al beso tierno en la frente, el abrazo que no llegó, las palabras que reprimimos por ser tan creídos de nosotros mismos, el gesto dulce de hacerle saber a la persona que amamos lo que significa para uno, el sentimiento ahogado en el corazón que jamás descubrimos a los demás, y lo más que duele, el adiós que no tuvimos la oportunidad de decir, porque pensábamos, ilusos al fin, que tendríamos todo el tiempo del mundo para hacerlo.

Hoy estamos aquí, pero el futuro es incierto. Puede ser que este instante que vivimos sea el último antes de reunirnos con Dios por toda la eternidad, así que ha llegado la hora de desterrar el pasado, bueno o malo, pues algo aprendimos del mismo, no pensar más en un mañana que es posible no llegue, y disfrutar del hoy que tenemos, lo único real que podemos asegurar, y enterrar todo aquello que no aporta nada y decirle a esa persona o personas lo que en verdad significan para nosotros.

No quiero morir sin haberlo hecho, pues deseo que comprendan lo que han significado para mí, la alegría de tenerlos en las buenas y en las malas, en cualquier momento, y las fuerzas que obtuve de ellos gracias a su amor por mí, para no rendirme y caer al suelo cuando el universo conspiraba para derrotarme.

Gracias, papi y mami, pues, aunque ya no están conmigo fueron mi inspiración, aunque en muchas ocasiones no lo reconociera, orgulloso al fin como ser humano, y nunca me abandonaron cuando mi mundo amenazaba con derrumbarse. A su manera me alentaban a no claudicar ante las adversidades, y embellecían mi vida cuando lo necesitaba.

A mis hermanos y demás familiares lo mismo. Olvidando las diferencias que pudieron haber existido a veces, siempre los amé y los amaré siempre, pues de ellas surge la verdadera hermandad y cariño que hace posible lo imposible. Para los amigos, pocos, pero valiosos, mi reconocimiento tácito por ser parte intrínseca de mi alma. Los verdaderos son contados, pero hacen la diferencia.

Por último, pero no menos importante, quiero decirle a mi bella esposa lo que ha sido para mí desde que Dios me concedió la bendición de ponerla en mi camino. Te amo, eres lo más hermoso de mi existencia, te convertiste en mi alegría de vivir en todo momento, aunque en ocasiones mi mundo era gris y me dejaba abatir por los infortunios del diario vivir. Nunca perdiste la fe en mi persona, y me alentaste en todo minuto a perseguir mis sueños y propósito existencial. Gracias por todo, mi cielo, pues tu familia se convirtió también en la mía, y sé que conseguirán todo lo que se propongan, aunque el universo conspire en contra. Todo se puede lograr con perseverancia, y, sobre todo, mucha fe en el que nunca abandona a sus hijos en medio de la oscuridad del mundo que te avasalla si te dejas.

Tengo la esperanza de vivir algunos añitos adicionales, cumplir algunas cositas inconclusas, disfrutar con mi esposa Lynette nuestros sueños compartidos, así que este escrito, aunque parezca como lo que no es, solo significa que tenemos que darles rienda suelta a nuestros sentimientos, olvidar las falsas pretensiones de lo que no somos, y expresar mediante palabras, gestos o hechos lo que es en verdad importante cuando se trata de amor genuino. El dinero puede ser valioso, pero jamás sustituirá lo que alberga el corazón hacia otra persona, en especial a los que amamos y amaremos hasta el final y más allá, cuando ya nuestros cuerpos descansen en la fría tumba, pero jamás en los recuerdos y el amor de estos angelitos que nos brindaron todo sin exigir nada a cambio.

Abramos nuestra alma al amor y al agradecimiento. Te quiero, te amo, gracias, entre otras, son palabras que creemos no son necesarias porque damos todo por hecho, pero que reconfortan un mundo tanto al que las da como el que las recibe.

¿Por qué no las decimos hoy? ¿Antes de que sea tarde y nos arrepintamos por no expresarlas?

Es tan sencillo hacerlo.

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